Haciendo MOOCs se acaba en el MIT

Existen dos tendencias en el marco de los MOOCs. La primera es la alabanza sin contrapartidas considerándolos como el futuro de la educación. En segundo lugar están los que no ven revolución alguna en esta propuesta.

Existen motivos para pensar en ambas líneas. Por un lado son cada vez más las grandes empresas e instituciones de calado que se apuntan a esta tendencia. Por otro lado, elementos como la bajísima tasa de superación de estos cursos o lo difuso de su utilidad, marcan la línea maestra de los detractores.

Lo cierto es que historias como la siguiente demuestran que los cursos masivos, abiertos y online, pese a que aún no son una revolución, pueden ser el futuro de la educación.

La historia del joven Ahaan Rungta, empieza con el inicio de los MOOCs, hace 10 años. Por aquel entonces contaba con la ridícula edad de 5 años, y sus padres, viendo las aptitudes de Ahaan, decidieron aprovechar la multiplicidad de cursos online existentes dentro del proyecto OpenCourseWare y MITx para saciar las ganas de conocer del hijo.

Con 15 años el joven ha sido aceptado como alumno del mismo MIT, tras realizar numerosos cursos online.

Pese a que muchos puedan considerar la historia de Ahaan como la de un superdotado, lo cierto es que los MOOCs han sido la plataforma ideal para que este chico consiguiera estudiar en una de las universidades más prestigiosas del mundo. De no haber existido estos cursos hubiese sido muy difícil detectar el talento de Ahaan. Es aquí donde se vislumbra la potencialidad de los MOOCs. Con todo queda claro el largo camino a recorrer. No existen reconocimientos específicos a estos cursos ni impacto en el mundo académico reglado.

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